El otro verde de Brasil

El paisaje sigue siendo exuberante en el estado más meridional del país, pero ya no es el de la selva atlántica, de la que solo hay vestigios. Ahora […]

El paisaje sigue siendo exuberante en el estado más meridional del país, pero ya no es el de la selva atlántica, de la que solo hay vestigios. Ahora estamos en un Brasil de uvas y vino, que es también un Brasil italiano. Una tierra que sueña con pintar de tinto, blanco y rosado su marca país.

“Mi apellido es portugués, y eso es raro aquí”, dice Mariana, nuestra guía en esta parte de Rio Grande o Sul, bien al sur del país. Hemos dejado Gramado y Canela para trasladarnos al Valle de los Viñedos, siempre en la Sierra Gaúcha, el principal destino del enoturismo brasileño. Freitas —y no Favretto o Fávero— se apellida Mariana, y sí: eso es raro aquí. Pero, ¿acaso no estamos aún en Brasil?

Estamos en Brasil. En la ciudad de Bento Gonçalves, la “capital del vino y la uva”, donde se concentra la mayor tradición y producción vinícola del gigante del este. Y donde el 85% de la población tiene sangre italiana, pues allí se inició, en 1875, la extraordinaria inmigración de ese país europeo a este lado del mundo. Pero esta no es la más italiana de las ciudades brasileñas. La supera Garibaldi, con el 90% de sus 31,000 habitantes. Más aún, Veranópolis: 95% de 18,000 personas.

Eso es el Valle de los Viñedos. Una región donde el turismo viaja constantemente al pasado, a menos de 30 kilómetros por hora en un tren a vapor del siglo XIX, mientras las empresas vinícolas y bodegas familiares miran hacia el futuro con un objetivo en mente: colocar a los vinos de Brasil entre los mejores del mercado internacional. Pura inspiración. No en vano, esa es la marca creada para Bento Gonçalves.



INSPIRACIÓN PURA

María Fumaça es el nombre de la locomotora. Música típica italiana y vino de la región acompañan su partida desde la estación de Bento. Más tinto y espumante, más jugo de uva, más fiesta, que tiene alma gaúcha también, reciben a los pasajeros en las paradas en Garibaldi y Carlos Barbosa. Y en el trayecto: teatro y tarantela, que aquí es tan brasileña como el forró.

Ahí tienes uno de los atractivos turísticos más encantadores de esta porción montañosa del sur de Brasil. El María Fumaça es patrimonio histórico —de allí que, por ejemplo, no se permita la ampliación de sus baños, nos cuentan—, funciona a leña y ofrece toda la atmósfera de un tiempo clave para el desarrollo ferroviario de la región. También el paisaje de entonces, cómo no: desde sus vagones podemos echar un primer vistazo a los bien preservados caminhos de pedra del municipio de Bento Gonçalves.

¿Y el centro de la ciudad? No lo visitaremos, pero sí que hay opción a conocerlo en el parque temático Epopeya Italiana: un montaje de luz y sonido conducido por actores que nos llevan a recorrer la saga de los primeros inmigrantes de ese país en el nuevo continente. Desde Pedersano, al norte de la península itálica, incluyendo la dura travesía por el Atlántico, hasta llegar a la casa de esta pareja de colonos y a la Iglesia de San Antonio, construida entre 1890 y 1894.

Lazaro y Rosa fueron los nombres de estos primeros italianos en Brasil
, y su historia bien pudo parecerse a la de Matteo y Giuliana, protagonistas de aquella celebrada producción televisiva de la Rede Globo (2000). Esta mañana en el parque temático, todos somos actores, todos tenemos nuestra propia Terra Nostra. El periodista argentino Alejandro Martínez es el más sorprendido cuando lo “invitan” a participar en la pieza teatral rebautizado como Genaro. Y cómo evitar que me conviertan de pronto en la socia de Rosa. Pura inspiración.

PIEDRAS ITALIANAS

Las tablas nos han acercado al Bento Gonçalves urbano. Al rural lo conoceremos en bus, y de qué manera: contagiados de “las mismas emociones de los recién llegados a través de las narraciones de sus descendientes”, tal como promete el folleto del proyecto cultural Caminhos de Pedra.

¿De piedra? Y de madera, y de barro. En la década del 90, un empresario hotelero decidió aprovechar las viviendas originales de los colonos —que de esos materiales están hechas— en beneficio del turismo y del desarrollo de las familias locales, como una manera de mantener viva su historia. Así quedó forjada la principal ruta turística del municipio, un itinerario por la arquitectura, las costumbres, la gastronomía y las actividades cotidianas de los inmigrantes italianos, entre ellas la producción de leche de oveja, la artesanía textil y la molienda de mate. Así que allá vamos: a la Casa de la Oveja (construcción de 1917), la Casa de los Telares (1910) y la Casa de la Hierba Mate, especialmente emblemática por coincidir en ella la cultura italiana y la tradición gaúcha del chimarrão —que así se llama aquí el mate, tan uruguayo. Muchos otros puntos turísticos nos esperan, como el restaurante Nona Ludia, que ocupa una de las primeras casas del lugar (1880) y es también el primer inmueble restaurado por el proyecto.

Veinte negocios artesanales forman parte de Caminhos de Pedra y se espera que en un par de décadas, sin apuro, lleguen a ser más de cien, me explica el empresario turístico Dézio Favretto. Microempresas, la mayoría, aunque hay pequeñas empresas también. Todas siguiendo la ruta que alguna vez fue la única en conectar a Rio Grande do Sul con Sao Paulo en un tour de tres días, esa es la idea.

A uno y otro lado de esta vía, en el Bento Gonçalves rural, los primeros italianos de Brasil fueron  construyendo su identidad en 25 hectáreas por familia. El paseo en bus está hoy lleno de verde, de buena cocina, de ricos relatos y de gente hospitalaria gracias a la iniciativa privada.

¿TAMBIÉN TIENEN VINO?

De buen vino, de eso también están llenos los caminos aquí.
magine al recién llegado a esta tierra encontrando tan buen clima para cultivar su vid, que decidió dedicarse con ahínco a esa actividad hasta convertirla en la fuente de la economía regional. De eso, hace más de un siglo. Hoy, entre las ciudades de Bento Gonçalves, Garibaldi y Monte Belo do Sul, más de 81,000 kilómetros cuadrados conforman ese Valle de los Viñedos que también es herencia de la inmigraciónitaliana; la primera regiónde Brasil en obtener la Indicación de Procedencia de sus productos (2001), toda una garantía de origen y de calidad.

Sí: también tienen vino los brasileños. Los gaúchos, los del sur. Treinta y un bodegas se han unido allí a 10 hoteles, seis restaurantes y otros negocios afines en una ruta turística que busca mostrar a los viajeros del mundo —aunque hay pocos extranjeros,se lamentan— el arte de transformar uva en vino, uno que ya goza de reconocimiento nacional e internacional.

Aprovale es el nombre que reúne a estos establecimientos, todos empeñados en fortalecer la producción de vinos finos, su imagen y el desarrollo del enoturismo en Brasil. Solo en 2009, las vinícolas reunidas en Aprovale recibieron más de 40 premios internacionales.

No hay que perder de vista a los hoteles del camino. El Hotel & Spa do Vinho, dedicado por entero al universo de esta bebida y a rescatar la cultura de la inmigración, es el primer hotel latinoamericano miembro de la colección MGallery del grupo francés Accor. La suya es la bodega de hotel más grande del país. Su spa, además, es el único en Brasil en ofrecer la verdadera vinoterapia de la marca Caudalie, el Mejor Spa del Mundo 2009 según la revista Condé Nast Traveller. La enogastronomía también es su fuerte. Allí nos alojamos.

Otro hotel, el Villa Michelon, ha incorporado al recorrido su Memorial do Vinho, una suerte de museo de la memoria del Valle de los Viñedos compuesto de imágenes, textos y mapas en 48 paneles temáticos, y su Casa do Filó, que conjuga relatos familiares de los propios descendientes italianos con fotografías de los primeros años, “os tempos mais difíceis”, de la inmigración.

Ya en Lima, leo el material que recibí sobre el proyecto Caminhos de Pedra: “Aquí se rescata la cultura y la tradición de un pueblo que sabe de dónde ha venido y sabe para dónde va”. Bien dicho. Gracias por tan buen final.

Agradecemos a Cristina Garcia Calderon Orbe por compartir su relato con nosotros.

Sobre Alejandro Martínez Notte

Decidí hace un tiempo que quiero vivir el presente como si fuese el último día, improvisar siempre que pueda y viajar para cumplir mis sueños. Detrás de eso me encuentro. A esto le sumo el placer de poder compartirlo, a través de las redes, de internet y de los amigos que difunden mis contenidos. En Twitter @martineznotte

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