El Volcán Pululahua

Acceder al cráter del volcán Pululahua es fácil: la autopista Manuel Córdova Galarza pasa junto a él y para llegar basta  pasar de largo o retomar el camino luego del monumento que señala que también por estas tierras ecuatorianos pasa la línea Equinoccial.

El cráter es la consecuencia natural erupciones de un gran volcán muchos cientos de años atrás. Para ser precisos la última actividad registrada se remonta a 2.200 años atrás, aproximadamente, y se cree fue lo que hizo que todos los integrantes del pueblo Cotocollao tuvieran que buscar un nuevo hogar.

Aunque al visitar el volcán el paisaje denota una tranquilidad absoluta, lo cierto es que en su interior el Pululahua está dormido apenas al punto que se lo considera “potencialmente activo”. Los expertos en geología han registrado actividad hidrotermal, sismicidad y alguna deformación del suelo. Síntomas, todos ellos, de que la procesión va por dentro.

En Ecuador se pueden conocer varios volcanes, algunos incluso más famosos que éste,  pero el Pululahua guarda una singularidad que lo diferencia de todos: en vez de constituirse como una gran montaña de forma cónica, éste está conformado por varios domos de lava dispersos en una superficie de 40 km² y por un gran cráter de 3-4 km de diámetro situado entre dichos domos.

El conjunto de domos y cráter constituyen la Reserva Geobotánica Pululahua. Con una extensión de 13 mil hectáreas es una travesía sin igual para caminarla. Su biodiversidad es un atractivo en sí mismo: gran cantidad de especies vegetales (bromelias, helechos, orquídeas), mamíferos, aves e insectos dan vida a esta tierra majestuosa.

El Pondoña, El Chivo y el Pan de Azúcar son tres formaciones menores que se ven con facilidad. Además, hay pequeñas elevaciones accidentadas con paredes cubiertas de árboles y arbustos, y orquídeas por doquier, que encierran la caldera. Es, justamente, la nubosidad producida por el aire caliente que viene desde la costa y colisiona con el aire frío del lugar, la que produce todos los días la neblina que favorece la abundante vegetación.

Un buen dato a tener en cuenta es llegarse hasta el mirador natural, ubicado a casi 3000 metros sobre el nivel del mar para disfrutar del paisaje, de la paz y armonía que se respira en ese lugar, del sonido de los pájaros que resuena como si todo el volcán fuese un gran anfiteatro y, en definitiva, del espectáculo único que conforma el Pululahua.

El cráter del Pululahua está habitado por alrededor de 100 familias que se dedican a la agricultura, esencialmente. Además, pegado al mirador del Pululahua, un grupo de artesanos muestra sus productos y recuerdos para todo aquél que quiera llevarse un recuerdo. Sin dudas, toda la experiencia es altamente recomendable.