Las mil y una noches en Estambul, Turquía

Las mil y una noches en Estambul, Turquía

La telenovela Las mil y una noches se ha clasificado entre las primeras por nivel de audiencia en los países de habla hispana y ha convertido a la ciudad turca en la propuesta ideal para viajes románticos.

La historia de la intensa relación entre el carismático Onur y una actualizada Sherezade transcurre en Estambul, allí donde dos continentes confluyen en uno de los lugares más hermosos del planeta.

 

Estambul, la más bella

La ciudad se despliega en ambas orillas del Bósforo, cruzado por dos puentes que unen Asia con Europa. De noche, cuando todo duerme, las luces de los minaretes de sus siete colinas titilan en la calma demarcando su perfil. De día, cruceros y transbordadores llenan el puerto y surcan las aguas, las barcas-cocina ofrecen bocadillos de pescado, los mercados se llenan de ruido, mercancías y clientes; a determinadas horas la voz del muecín llama a oración.

Estambul, que fue Bizancio y después Constantinopla, protegió y alimentó el pensamiento helénico, ayudó a mantener el imperio romano y se convirtió en la gran urbe medieval de la cristiandad europea antes de caer bajo el dominio otomano. De esta época es Santa Sofía, la iglesia dedicada a la Divina Sabiduría que posteriormente fue reconstruida como mezquita.

Bajo su enorme cúpula se persignó el emperador Justiniano y rezó el sultán Solimán el Magnífico que dejó su impronta en toda la ciudad. Los minaretes y la gran medialuna de oro que corona la antigua basílica, hoy convertida en museo, guardan el hechizo de épocas heroicas.

Siempre recorriendo el antiguo distrito de Sultanahmet, se encuentra el Gran Bazar y la Mezquita Azul con sus seis minaretes. Más allá, el Palacio de Topkapi domina la magnífica vista del Cuerno de Oro, el mar de Mármara y el Bósforo.

La zona pública del palacio incluye el Tesoro, con su mítico diamante, la daga imperial y la colección de esmeraldas del más puro tallado. En la zona privada se despliega el harén y el lujo de la cultura otomana incluyendo los sofisticados baños. Los Jardines Reales se extienden a través de senderos y rincones seductores.

Aquí es fácil adentrarse en el ayer y escuchar la voz de Sherezade narrando sus historias al sultán.

Enfrente, en la otra orilla, vigila Gálata la torre genovesa del siglo XIV que alguna vez defendió la región de los venecianos, ávidos de la riqueza del imperio bizantino. El puente del mismo nombre, en la desembocadura del Cuerno de Oro, une la ciudad antigua y la nueva. Es parte del paisaje urbano con sus restaurantes y cafeterías donde descansar mirando pasar turistas y locales.

La magia de la Estambul romántica es la vida que fluye en cada una de sus calles y que entreteje el hoy con el pasado.

Viajar y escribir son dos pasiones que descubrí muy temprano. De niña, junto a mi padre, recorrimos Latinoamérica paso a paso explorando lugares que hoy están catalogados como puntos de interés turístico. Más tarde, mi profesión me permitió continuar este camino que transformó mi percepción del mundo.

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