Museo del Apartheid: una visita recomendada en Johannesburgo

Visitar el Museo del Apartheid en Johannesburgo es la mejor manera de viajar atrás en el tiempo, a un momento histórico que es tan tremendo que cuesta creer que terminó hace tan poco tiempo. El responsable de establecer un sistema de segregación racial brutal fue el Partido Nacional, de una minoría blanca, que gobernó hasta hace apenas más de 20 años y que llegó a su fin de la mano de Nelson Mandela, quien ganó la primera elección democrática de Sudáfrica.   

Al pagar el ticket de ingreso notifican por qué puerta deberemos entrar: puede ser por la de blancos o la de negros. Me pareció una manera cruda, pero ideal, para empezar a sentir en carne propia la brutalidad del apartheid, que se encargó de dividir los espacios públicos en estas mismas categorías 

 

Al ir recorriendo el museo vamos desandando la línea de tiempo del reinado del apartheid. No hace falta mucho para notar cómo, en este devenir histórico, los efectos negativos del régimen se hicieron evidentes en la sociedad sudafricana 

Esta foto que muestra a los mineros negrosquienes fueron forzados a relocalizarse a los centros urbanosprincipalmente en Johannesburgo después que les quitara sus tierras el gobierno del apartheidmuestra una de las tantas formas de humillación a las que se sometía a la población de color. Cualquier excusa era suficiente: en este caso los hicieron desvestirse para ver qué tan aptos eran físicamente para trabajar en minas subterráneas.  

Tanto hombres como mujeres fueron forzados a dejar sus hogares, donde ya no podían labrar la tierra por la mala calidad del suelo, en busca de trabajos en zonas urbanas. Esto ayudó a que la economía se viera favorecida, aunque no así los trabajadores. La calidad de vida que tenían era tan pobre como la de los mineros. El hacinamiento y la falta de servicios eran la norma. 

La educación que se brindó a la población negra, desde 1953, fue una de menor calidad llamada Bantu. Y a pesar de ser paupérrima y darse en pocos establecimientos con profesores poco calificados y demasiados estudiantes en los salones, los negros debían pagar por ese servicio porque la educación de calidad gratuita era sólo para personas blancas.  

Cuesta imaginar esas ciudades donde indios y personas de color eran separadas sin miramientos de áreas enteras donde los únicos a los que se les permitía estar era a los blancos. Mete miedo pensar en que vehículos como éste, un buffel -así se llama-, circulaban por las calles para desarmar las protestas en contra del gobierno. Es difícil de imaginarlo y, sin embargo, tantos de estos prejuicios aún están vigentes, de diferentes formas, en todas las sociedades “modernas”.   

Sin dudas, si estás en Johannesburgo debes visitar el Museo del Apartheid. Su horario es de 9 a 17 hs. Todos los días. También hay visitas guiadas.