Ventanas de Mahattan

Ventanas de Mahattan

El escritor andaluz camina con un diario azul bajo el brazo, describiendo sus impresiones de Nueva York, una ciudad tan abrumadora como desafiante.

El escritor español Antonio Muñoz Molina nos brinda una crónica de su viaje por Nueva York en el libro “Ventanas de Manhattan”. Su diario es cautivante. El relato presenta una serie de experiencias presentadas bajo el punto de vista de un extranjero en una ciudad que desconoce. La mirada de Antonio Muñoz Molina caminando confundido y contemplado los signos del dinero, el comercio y el capitalismo revelan un aspecto de la ciudad que para él se encuentra en cada esquina de Nueva York. Por momentos resulta asfixiante, sobre todo para un extranjero que desconoce por completo el idioma.

“Me habían dicho que caminar solo y de noche por Nueva York podía ser muy peligroso. Alzaba la mirada y me estremecía el vértigo de la distancia vertical de las torres del Rockefeller Center, adelgazándose hacia la altura y las nubes veloces como agujas de catedrales góticas”. Así describe Muñoz Molina su primera caminata nocturna por la ciudad, un trayecto en el que se sorprende con los rascacielos de la Sexta Avenida y las luces de neón del teatro Radio City Music Hall, que se pueden ver en esta imagen tomada por Vincent Desjardins.

El autor también explora la Gran Central Terminal, que se encuentra entre la Calle 42 y la Avenida Park Midtown Manhattan: “En Grand Central Station la impresión del espacio es tan poderosa, tan estimulante, como en las ruinas de la basílica de Magencio o en el interior del Panteón: un espacio desmedido y sin embargo armónico, que no aplasta con la escala de sus dimensiones, sino que da más bien una cierta sensación de ingravidez que la mirada vuelta hacia arriba contagia al cuerpo entero, un impulso de elevación gozosa, como cuando se escucha una cantata de Bach”.

El Puente de Brooklyn es uno de los destinos más visitados por el autor, que se sumerge en el transporte público con un mapa en la mano, aunque sin saber si se está alejando o acercando a su destino. En este pasaje, Muñoz Molina también explora el anonimato en la ciudad, el hecho de sentirse desconocido por todos, casi como un fantasma en la urbe, “Nadie me miraba, ni siquiera el alma generosa que me acababa de rescatar del ridículo“, dice cuando tropieza con un escalón y cae de bruces entre las filas de asientos de un autobús.

Las fotografías contenidas en esta nota pertenecen a Gabriel Marocchi.

Escritora por las mañanas y estudiante de arquitectura por las noches. Viajar, descubrir y mostrárselo al mundo dejaron de ser sueños para convertirse en partes de mi vida.

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