Monumento histórico en Francia

Al este de Francia, se encuentra una comuna llamada Saintes, que fue fundada originalmente por los romanos hace 2000 años como Mediolanum Santonum. Se ubica en las orillas del río Charente y es parte del Camino de Tours de Santiago de Compostela.

Saintes, Francia

El anfiteatro galo-romano de Saintes es uno de los encantos turísticos más visitados del lugar. Con una extensión de 126 metros de largo y 102 de ancho, se cree que la estructura elíptica del recinto tenía capacidad para aproximadamente 15.000 espectadores, la totalidad de la población en ese entonces.

El anfiteatro fue alzado en un pequeño valle, del cual se aprovechó su declive para edificar las gradas. Su levantamiento fue realizado entre los principados de Tiberio y Claudio, por el año 40 d.C., en la dinastía Julio-Claudia. A lo largo de los siglos del imperio romano, una de las atracciones principales de entretenimiento para la población, de origen etrusco, era la lucha de gladiadores contra bestias, las cuales, en realidad, eran animales exóticos.

Anfiteatro romano en Francia

Estas luchas se llevaban a cabo en la denominada arena del anfiteatro, en el centro de la construcción, rodeada por los espectadores. Con el desgaste del impero romano, Saintes comenzó a perder importancia, dejando en las afueras al anfiteatro. En la edad media, se aprovechó la construcción como cantera.

En las inmediaciones del valle, la basílica de Saint-Eutrope se puede apreciar entre las columnas de piedra de las ruinas, construida en el siglo XV con un estilo romano gótico y registrada por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad. En Saintes, también se pueden visitar varios puntos turísticos de gran importancia, como el Arco de germánico y la abadía benedictina Sainte-Marie-des-Dames.

Abadía en Saintes, Francia

By Alejandro Martínez Notte

Vivo el presente con alegría y lo comparto, Creo que cada segundo es irrepetible y vale la pena cada instante vivido. Porque lo importante no es el destino, si no el camino. Disfruto de improvisar a cada instante, sabiendo que tanto lo bueno como lo malo, pasa. Todo pasa.