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Descubriendo Grecia, de la Acrópolis al Peloponeso

La puerta de entrada a Grecia, suele ser el Partenón. Sus columnas milenarias, y sus ruinas, resultan familiares al ojo de quien ama bucear en los orígenes de la civilización occidental. Sin embargo, hay una península que vale la pena descubrir: el Peloponeso.

Deambular por las ruinas atenienses, de esa Acrópolis (la ciudad alta, en griego) en la que los monumentos se dedicaban a diosas como Palas Atenea, es una experiencia que ningún viajero interesado en la historia de occidente debe dejar de vivir. Por allí empiezan, los que se zambullen por primera vez en las atracciones de Grecia.

No obstante, la cuna de la civilización occidental ofrece variantes para todos los gustos. Aquí, una muestra de ello:

Elafonisos

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Es una isla, a mitad de camino entre la península del Peloponeso y Citera. Son sólo 19 kilómetros cuadrados en los que se puede bucear, disfrutar unas playas de ensueño, y la hotelería no se queda atrás. Todo está dispuesto para desafiar los sentidos del visitante. Una exquisitez turística.

El teatro de Epidauro

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Escenario de fiestas panhelénicas que se celebraban cada 4 años, este teatro en ruinas fue construido en el siglo IV Antes de Cristo. Alberga más de 14 mil espectadores, y posee dentro un santuario, el de Asclepio. Se lo puede visitar, oír música en vivo, disfrutando su extraordinaria acústica, e incluso asistir al festival homónimo, que se lleva a cabo una vez al año, en el que se exponen diversas obras de teatro.

Monemvasía

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Se trata de una pequeña localidad medieval, al este del Peloponeso. la península del Peloponeso es un atractivo singular. Está unida a la parte continental de Grecia por el Istmo de Corinto, actualmente interrumpido por el Canal homónimo, y da paso a dos mares: el Jónico y el Egeo, formando parte del Mediterráneo.

En ese marco, Monemvasía presenta innumerable cantidad de monumentos históricos para visitar: la Ciudadela, la plaza de la Mezquita, un castillo y un Faro abierto las 24 horas. Por algo este pedacito de tierra griega es considerado la perla del Peloponeso.

Cráteres de Didyma

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Ubicados en Argólida, también al este del Peloponeso, son, en realidad, cuevas hundidas, pero los científicos discuten respecto de su verdadero origen. Lo que se ve, generalmente con tomas aéreas de drones, son círculos casi perfectos, hechos sobre el suelo. En uno de ellos, increíblemente, hay una capilla.

Todo el entorno está dominado por un silencio estremecedor. El detalle lo brinda el hecho de que estas enormes canastas de tierra, están dentro de zonas cultivables de la Argólida, por lo que alrededor, hay plantaciones perfectamente alineadas. Digno de ver.

Mistrá y Micenas

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La primera es una ciudad del 1200, creada durante una de las Cruzadas, guerras religiosas que mantuvieron a buena parte del mundo en vilo, durante 200 años. Mistrá posee la ciudad alta y la ciudad media, ambas ubicadas sobre Taigeto, cerca de Esparta. Recorrer las ciudadelas es, directamente, alucinante.

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Micenas, por su parte, es un poco más nueva: data del 1600. La diferencia es observable en los  bloques de piedra que se utilizaban para construir, por ejemplo, la Puerta de los Leones. Recorrer el yacimiento arqueológico es una de las mejores experiencias para comprender cómo se obtienen estos pedazos de historia viva. Por supuesto, es Patrimonio de la Humanidad.

Un dato a no pasar por alto, es que todo lo que los visitantes encuentran en la península del Peloponeso, es fruto de excavaciones que comenzaron en los primeros decenios del siglo XIX. Por ello, las ruinas, y la reconstrucción arqueológica extraordinaria, que sería imposible sin la ayuda de la ciencia.

Quizá la sensación, frente a algunas ruinas, sea que siempre se está frente a restos de algo que, miles de años atrás, estuvo entero. El trabajo de conservación que se realiza en forma constante, es notable. Sin dudas, respetar y contemplar esos restos, dado su peso histórico y cultural, no es conformarse con poco.