Descubriendo la Medina de Fes, en Marruecos

En éste nuevo relato de viajes de Teleaire.com, les contaremos de nuestra primera experiencia en suelo africano; más precisamente, de nuestra visita a la ciudad de Fes y a su maravillosa Medina, en las tierras del Reino de Marruecos.

Marruecos es un país situado al norte de África, con costas bañadas por las aguas del Océano Atlántico y del Mar Mediterráneo, cuya forma de gobierno es la monarquía constitucional. Nosotros habíamos salido temprano desde Torremolinos, España, con destino a Fes, por lo que debimos atravesar el Estrecho de Gibraltar para llegar. Partimos desde el Puerto de Tanger y al cabo de una hora de viaje, aproximadamente, dejamos atrás Europa para llegar a África y desembarcar en Ceuta, una bella ciudad española en suelo africano.

Así continuamos nuestro viaje por vía terrestre, primero recorriendo la costa y luego adentrándonos en un país cuya cultura, gente y geografía ansiábamos conocer. Porque desde que desembarcamos, Marruecos era mucho más que el paisaje desértico con los tradicionales camellos que la publicidad, sobre todo, suele mostrar al mundo para hablar de éste país africano. Por el contrario, el bosque verde y la estepa, y los leves montes rodeados de laureles en flor, rojos, blancos y rosas, fueron una constante.

De pronto, la entrada a Fes estaba ante nosotros: habíamos llegado a la capital artística e intelectual de Marruecos. Y durante el camino hacia el Hotel Les Merinides, en donde nos hospedaríamos, nuestro guía fue mostrándonos algunos referentes de la ciudad: la gran muralla detrás de la cual se encuentra el Palacio del Rey, la Medina, ciudad vieja o “amurallada” de Fes, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, la ciudad nueva, entre otros.

Sin dudas, conocer la Medina de Fes fue la experiencia más sobresaliente de nuestro viaje a Marruecos. Dicen que ella es la más hermosa de todo el reino, una especie de “museo viviente”.

Lo cierto es que la Medina es la ciudad habitada más antigua de Fes; data del siglo XII y se encuentra dentro de una muralla que parece protegerla de los embates de la modernidad para perpetuar dentro las tradiciones, costumbres y todo lo propio de Fes, entre ello sus productos y artesanías, sus telas, sus alfombras, su platería, pero también su arquitectura, música y gastronomía.

A la Medina de Fes se ingresa por puertas bien demarcadas y, una vez dentro, los pasillos son interminables y surgen de la nada, siendo su desorden su característica más destacada. Por eso es fácil, para el que no conoce, perderse dentro. Nosotros fuimos acompañados de un guía que pronto nos enseñó varios de los lugares más característicos: por ejemplo, uno en donde se fabrican platos de cobre tallados artesanalmente, también tazas, teteras, lámparas y todo tipo de objetos preciosos; más adelante, entramos en una tienda de telas en donde algunos compraron los pañuelos con los que cubren sus cabezas las mujeres marroquíes, y que nosotros podemos lucir en el cuello, por ejemplo; también en una casa de alfombras, en una de vestimentas típicas marroquíes, etc.

Ese día en la Medina de Fes conocimos también la curtiembre de Al-Chauara, que es la más grande de la ciudad y está emplazada en un patio central con grandes piletones circulares hechos de ladrillo, en donde se procesan las pieles. Desde las terrazas del lugar pudimos observar los diversos coloridos que adquieren las fosas, gracias a la utilización de productos naturales para teñir el cuero. Y aunque allí arriba el olor era bastante nauseabundo, el aroma de las hojas de menta fresca que amablemente nos facilitó la gente de la curtiembre al llegar, nos ayudó a no perdernos la experiencia de contemplar un sitio que es una de las postales más representativas de la ciudad.
Después tuvimos tiempo de ver los productos de cuero terminados, entre ellos los zapatos típicos marroquíes, las babuchas, carteras de todo tipo, pufs, chaquetas, entre otros.

Durante todo el recorrido, entre callecitas y callejones, gente y bullicio por doquier, y hasta burros sobrecargados con garrafas, que son el único transporte ya que a la Medina no pueden ingresar automóviles, pudimos apreciar varias mezquitas y medersas (escuelas), y las construcciones típicas dentro de la antigua ciudad medieval, en donde prevalece el estilo arquitectónico árabe pero fusionado con rasgos de la cultura francesa, sobre todo, con puertas hechas con un trabajo de mosaico, en bronce, etc.

 

Ya de noche, fuimos a cenar al Hotel Sofía en donde nos recibieron de la mejor manera, con música árabe interpretada por músicos allí presentes y una odalisca que animó la velada. Entre los platos típicos marroquíes que probamos, el “cus cus” y la “pastela” fueron de los más agradecidos, y entre las infusiones, el té de menta de lo más delicioso. Un detalle: la comida se sirve en una fuente o plato único que se ubica en el centro de la mesa y es compartido por todos los comensales. Un rasgo de una cultura diferente que cautiva, justamente, en esa misma diferencia.

Ubicación Satelital:

Por Teleaire.com
Cámara: Lic. Alejandro Martínez Notte
Fotografía y Textos: Maricel Bat