Basta con buscar un poco en internet, para enterarnos de que este hermoso municipio del departamento de Antioquia, en Colombia, es también conocido como “La ciudad de las Flores” o “La ciudad de la eterna primavera”.

Son nombres que, del vamos, invitan a viajar y conocerla, más allá de los prejuicios. Vayamos, pues, rumbo a Medellín, para presenciar un evento muy particular: La Feria de las Flores.

Se trata de una celebración tradicional, que se realiza anualmente, desde 1957. En cada ocasión, y durante 10 días, toda la ciudad se llena de arte y adornos enteramente florales, que se exhiben a visitantes de todo el mundo.

Pero el plato fuerte se sirve el día 10, el último de la Feria, cuando se realiza el desfile de silleteros. Es impresionante ver algo parecido a los desfiles y comparsas de carnaval, pero a pleno sol, y con el colorido natural que aportan las flores, con sus pétalos como únicas y divinas pinceladas.

José Ángel, silletero y expositor de la Feria, explica que antiguamente, los silleteros bajaban de Santa Elena -donde se cultivan las flores que se exponen en la Feria- caminando un día entero por terreno escarpado, y llevando la silleta en su espalda para transportar el fruto de su trabajo.

Él atesora la silleta que le legó su padre, y que, afirma, va a sobrevivirlo a él. “Duermo con ella debajo de la almohada, porque no es como las tablillas de ahora. Esta me entierra a mí” desliza con la serenidad de quien se sabe parte de una historia grande.

Como los demás silleteros, José Ángel baila, desfila y, por supuesto, se florea, llevando en su espalda la silleta repleta de sus mejores flores. En el desfile, también se dan cita grupos de baile, bandas musicales, y representantes de diversas categorías del certamen.

Algunos hombres cargan más de 100 kilos de flores sobre su espalda. Y, para los oriundos de Antioquia, es tal la importancia cultural del evento, que cuando ven pasar al silletero, exclaman “cuando pasa el silletero, es Antioquia la que pasa”.

Cada silletero intenta convencer al público de que su silleta es la mejor, la ganadora. Sin embargo, de entre la multitud, sobresale una inmensa corona cuya leyenda hermana pasado y presente, en una propuesta que bien vale el premio: “Es tiempo de cambiar armas por flores”. Nada más cierto.

 

 

Publicado por Rodrigo Zabala

Se suponía que iba a ser un Contador Público pero tomé esas dos palabras con excesiva libertad literaria. Me gusta encontrar historias, y hacérselas llegar a otros.

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