Gallo_Portugal

Barcelos, en el norte de Portugal, es la ciudad de los gallos. Este animal se ha convertido en el emblema turístico del país y en el souvenir más solicitado por los turistas. Los hay de todo tipo: los clásicos de colores sobre fondo negro, los más originales hechos a mano en diferentes materiales, los de plástico que predicen la meteorología cambiando de color, los de cerámica que siguen las pautas de la artesanía local… Hay para todos los gustos, de todos los tamaños y de todos los precios.

Cuenta la leyenda que un peregrino español, de paso por la ciudad de camino a Santiago de Compostela, fue acusado injustamente de un crimen realizado en el, por aquel entonces, pueblo medieval de Barcelos. Presentado ante los convidados a un banquete, el reo defendió su inocencia. No solo ante ellos, sino ante el gallo que figuraba en la mesa como plato principal. De hecho dijo que, en el momento de su muerte, el animal cantaría demostrando su inocencia.

Gallo_Portugal

Los comensales quedaron estupefactos cuando, al oir la horca, el gallo se levantó y comenzó a cantar. Pero según la leyenda el milagro no terminó aquí. Cuando el responsable de la sentencia salió a salvar al peregrino vio que éste ya estaba colgado de la soga. Pero no muerto. El nudo parecía tener vida propia y rechazaba apretarse en torno a la garganta del inocente, que prosiguió feliz su camino hacia Galicia.

En la oficina de turismo se venden ejemplares muy bonitos, aunque también se ofrecen en el mercado de los jueves. La ciudad se vuelca en torno a los puestos de artesanía, los vendedores de los alrededores que se desplazan con los excedentes de su huerta, los productores con sus verduras y frutas de temporada, los proveedores de flores, los fabricantes de muebles, de manteles… todos tienen cabida en este magnífico mercado que figura entre los mejores del país y en el que también se venden gallos de verdad.

By Eva López Álvarez

Viajando aprendo: cómo es la gente, cómo son los sitios, cómo funciona el mundo, qué me gusta y qué no me gusta. Viajando me deleito: con luces diferentes, con lugares sorprendentes, hasta con cosas que no me agradan pero que celebro conocer para poder saberlo. Y, sobre todo, me lleno de energía con cada sonrisa que me brindan allá donde voy. Compartirlo a través de mis textos y mis fotos es simplemente un regalo. O, mejor dicho, un sueño que se cumple en cada ocasión.