Gran Canaria: Isla del PlátanoGran Canaria: Isla del Plátano

La Hacienda La ReKompensa es más que una plantación de plátano canario. En realidad es una experiencia inmersiva y original que te pone en contacto con una larga tradición agrícola, que vincula Gran Canaria con esta dulce fruta, que ¡por cierto! no falta en ninguna mesa española.

Viajar en autobús, desde el sur hacia el norte de la isla, es una aventura sensorial que te transporta de la aridez a la frondosidad. O lo que es lo mismo, de África al Trópico. Mientras me voy despidiendo de las dunas doradas de la playa de Maspalomas, me voy encontrando con serpenteantes carreteras salpicadas de palmeras y cactus que, junto con dulces pueblecitos pintados de tonos merengue o pastel, me van disuadiendo de la tentación de dormirme.

Conforme vamos ganando en altura, hacen acto de presencia los escarpados acantilados que se inclinan reverentes hacia el océano Atlántico, mientras la paleta cromática va permutando del ocre a un verde tan intenso que se convierte en exuberante.

¡Cuánto me sorprende esta extrema diversidad de Gran Canaria! Cautivadora diferencia que solo se aprecia cuando consigues liberarte del abrazo del sol y el relax de lujo (que como amante celoso trata de seducirte de forma exclusiva), y te animas a consumir pildoritas de turismo activo.

1.-El plátano canario: it’s simply the best

La finca La ReKompensa te conquista por la vista y el paladar. Nada más entrar, te sientes envuelto por el dulce aroma de los plátanos, el murmullo de sus amplias hojas movidas por la brisa oceánica, el verde intenso y el apetitoso amarillo de los racimos maduros, que crean una escena cautivadora. Click, click, click…. nos volvemos todos locos con este entorno agro-rural tan distinto al costero. Irremediablemente, se suceden ráfagas y ráfagas de fotos que nutrirán nuestro Instagram.

Gran Canaria se ha dado cuenta de que su identidad, asentada por décadas sobre el binomio “Sol-Playa”, ha eclipsado sus muchos otros atractivos. En busca de una redefinición más autentica de sí misma y una diversificación que proporcione salidas profesionales a sus emprendedores locales, han surgido interesantes experiencias como la que ofrece la Hacienda La ReKompensa.  Pero antes de contártela, voy a hablarte de todo lo que he aprendido sobre el plátano canario.

El plátano de Canarias se ha ganado a pulso el título del rey de las frutas y en la actualidad es un postre omnipresente en casi todas las mesas del mundo. Posee su propia denominación de origen y se distingue del resto por su sabor dulce y una textura suave y cremosa que se deshace en la boca. Cualidad que nada tiene que ver con los plátanos de supermercados cosechados antes de madurar. 

Si bien, cuando pensamos en plátanos nos vienen a la mente imágenes de exuberantes plantaciones de América del Sur, parece que el plátano nació en otra latitud, concretamente en la lejana Papúa Nueva Guinea (Australia). Allí fue domesticado por las tribus locales que transformaron la planta silvestre en cultivo.

De la mano de comerciantes y viajeros, el cultivo del plátano se extendió hacia el sudeste asiático y la India.  El plátano llegó a Europa durante la era de los descubrimientos y desde entonces no hemos dejado de comerlo, hasta el punto que hoy podemos decir que es la fruta más consumida en el mundo.

En Gran Canaria el plátano crece cómodo gracias a su clima subtropical y a sus fértiles suelos volcánicos ricos en minerales. Cuentan que Cristóbal Colón fue uno de los primeros exploradores en trasladar las técnicas de cultivo de nuestro plátano al Nuevo Mundo. ¡Así que podemos decir que este plátano canario es todo un gigoló que enamoró no solo a los estómagos europeos sino también a los americanos!

En el siglo XIX el cultivo del plátano experimentó un gran auge. ¿Has visitado alguna vez Canary Wharf en Londres? En la actualidad es uno de los distritos financieros más importantes del mundo con sus rascacielos y vibrante vida urbana pero antaño fue puerto de recepción del plátano canario, de ahí su nombre.

En el ranking del consumo, el pódium se lo lleva España, seguido del Reino Unido, Alemania, Francia, Países Nórdicos y Países Bajos.

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2.-La Rekompensa: la plantación de plátanos convertida en experiencia turística

Esta experiencia vivencial no se hace en solitario sino en grupo. Un guía te acompaña a lo largo de un recorrido por la hacienda platanera, compartiendo contigo la historia y el proceso de cultivo del plátano, mientras te va sumergiendo en la cultura agrícola de Gran Canaria.

A pesar del calor, la sombra de los plataneros, la brisa oceánica y el ameno discurso del guía provocan que los minutos vuelen mientras vamos aprendiendo que la variedad canaria se llama Cavendish, que al racimo de plátanos en realidad se le dice “piña”, que no es un árbol sino una planta y que junto a las palmeras son las plantas más grandes del mundo. Me encanta descubrir el sentido maternal de las plataneras que solo tendrán un hijo. Un unigénito al que protegerán con su propia vida. Una vez parido, la planta perderá su función y se dejará cortar, consciente de haber cumplido su misión.

Descubro que el bebé plátano nace mirando a la tierra y que poco a poco se irá curvando en busca del sol. Cada plátano concluirá su maduración presumiendo de su éxito con una flor en su extremo. Una ornamentación que los agricultores tendrán que arrancar por falta de funcionalidad, hasta que el plátano quede con la forma que todos conocemos.

El plátano no es una fruta de estación porque Gran Canaria posee unas condiciones climatológicas envidiables que permiten su cultivo a lo largo del año. O sea que no hay “deadline” en el calendario, lo que es una gran noticia para los agricultores locales.

Menos prometedor es saber que el traslado de las piñas hasta los camiones se realiza todavía de forma artesanal para que la piña no se dañe. Esto implica que los porteadores tendrán que cargar en sus hombros hasta 70 kg de peso. ¡Un trabajo sin duda exigente! Sin embargo me sonrío al descubrir que el plátano canario es fuente de riqueza para muchos locales, que pueden disfrutar de una buena conciliación laboral pues el trabajo en las plataneras se realiza de lunes a viernes en un horario de  7 a 15h.

La experiencia sensorial en la hacienda también incluye el sentido del gusto, ¡faltaría más! Al final de la vista podrás degustar los sabores únicos de los plátanos canarios en una original cata explicada por el guía.

Para culminar esta experiencia inolvidable, el tour concluye con una visita a su museo y un momento relax (de dimensiones WOW) en su maravillosa terraza-mirador. Ubicada sobre una privilegiada atalaya con deslumbrantes vistas a las plataneras y al océano, este espacio también se alquila para eventos sociales y corporativos pues cuenta con más de 56,000m2 de superficie y una gran personalidad. Se trata de un “singular venue” como se suele decir en el mundo de los eventos.

Nosotros tuvimos el privilegio de disfrutar de un “brunch” por todo lo alto con vinos de la tierra, un buffet de quesos, papas arrugas y otras viandas locales que nos hicieron, ¡de nuevo!, sentir que estábamos en un pedacito del paraíso.

Con la dulce huella del plátano en nuestros paladares y corazones, volvimos al hotel SeaSide Palm Beach para disfrutar de otro momento Wellness Deluxe.

Y es que, gracias a las iniciativas impulsadas por Gran Canaria Wellness, los hoteles han incorporado una gran batería de tratamientos dirigidos a la salud y el descanso. Una oda al bienestar comandada por el aloe vera, las algas, la sal, las piedras volcánica…. Ummm, todo lo que tu lado hedonista puede soñar (y créeme, mucho más).

3.-Información práctica

 Hacienda La Rekompensa

Cam. del Laurel, 10, 35413 Arucas, Las Palmas

Reservas: Tf 696 27 77 51/ Web: haciendalarekompensa.es

Precio 2024:  12’50€ 

AGRADECIMIENTOS: agradecemos las imágenes cedidas por la Agencia Villarrazo Madrid.

By Cristina Monzon Marti

De pequeña ya soñaba con conocer mundo. Mientras otras niñas jugaban con muñecas, yo me imaginaba enrolándome en la caravana de un circo que recorría los pueblos de España. Luego fui todavía más osada y me vi sobrevolando las geografías del mundo en un globo blanco y rojo desde el que saludaba a los enraizados a la tierra. ¡Os lo contaré todooooo! Prometí mientras mi voz se perdía entre las nubes. Hacerse adulta me obligó a dejar atrás algún sueño pero nunca abandoné mi amor por los viajes. Más tarde descubrí que también me apasionaba contar historias. ¿Por qué no casar estas dos pasiones? Ahora siento que soy una embajadora de destinos. No por título ni honores sino por puro placer de descubrir rincones únicos y poder trasladarlos al salón de tu casa con el deseo de inspirarte, a que un día (no muy lejano espero), puedas conocerlos en primera persona.