Viajando por Costa Rica, al llegar al sur y, especialmente, sobre la costa suroeste del Pacífico, sorprende al viajero encontrar estas perfectas esferas de piedra que decoran los parques de la región. Se trata de alrededor de 500 esferas casi perfectas, cuyo volumen va de los 10 centímetros hasta 2,5 metros de diámetro. Las más grandes pesan entre 15 y 16 toneladas.

Las esferas que actualmente se encuentran, están protegidas porque se las considera Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Ello es consecuencia de que, desde 1939, cuando fueron descubiertas las primeras, se llevaron a cabo algunos intentos de descubrir qué contenían por dentro, por lo que ciertas esferas fueron dinamitadas. Luego, se decidió conservarlas.

Además de ser objetos de decoración natural, estas piedras, conocidas como Las Bolas de costa Rica se han convertido en símbolo del país tico. Al punto de que muchos edificios emblemáticos contienen homenajes a las míticas piedras.

Esto no ocurre solamente dentro de Costa Rica, sino también fuera de la nación. Por ejemplo, en la embajada costarricense en Washington, donde se puede encontrar un monumento realizado con bolas traídas de su lugar de origen.

Las piedras se encuentran sobre todo en zonas del sur, cerca del río Diquís. Otros puntos donde pueden encontrarse son la Península de Osa y la isla del Caño.

Se cree que estas bolas eran utilizadas para componer calendarios gigantes, además de decorar jardines astronómicos, que servían para controlar el paso del tiempo. Algunos registros del año 1547 indican que también eran símbolo de territorio sagrado, como se desprende de uno de los escritos de Francisco Pizarro, conquistador de Perú:

Escuché que los altos señores de este imperio [Perú] se reúnen cada cuatro años en el País de las Bolas, donde al parecer reciben consejos de grandes sabios”. 

Asociadas a sucesos mitológicos o simplemente embelleciendo los jardines, estas piedras esféricas siguen dando mucho que hablar, y no es para menos. Se sabe que son únicas en el mundo. Su valor histórico y cultural es extraordinario.

Publicado por Alejandro Martínez Notte

Vivo el presente con alegría y lo comparto, Creo que cada segundo es irrepetible y vale la pena cada instante vivido. Porque lo importante no es el destino, si no el camino. Disfruto de improvisar a cada instante, sabiendo que tanto lo bueno como lo malo, pasa. Todo pasa.

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