La rupia, o rupiah, en indonesio, es el resultado de una historia plagada de marchas y contramarchas en relación con el intercambio comercial de este país, situado en el sudeste asiático, que sufrió más de una invasión y dominio. De hecho, sin ir más lejos, en el siglo veinte, por períodos, fue parte de Japón y Holanda.

Más atrás en el tiempo, Indonesia supo ser lugar de paso en el comercio entre Europa y Asia, por lo que en sus tierras circulaban varias monedas. Así, por ejemplo, entre el 800 y el 1942, fueron oficiales el dinero javanés, chino, y holandés.

Recién en 1949, luego de concluida la Segunda Guerra Mundial, Indonesia se declaró independiente, y emitió su propia moneda, que deviene de la moneda India. Esa decisión impactó de lleno en las transacciones locales, y la economía estalló en hiperinflación.

Sin embargo, años más tarde, y luego de la creación y oficialización del Banco Central indonesio, quedó estabilizada la rupia local. El valor de sus billetes, que llegan a tener 5 ceros, sigue evidenciando una devaluación furiosa, de la que los indonesios nunca se terminaron de recuperar.

 

Si bien los billetes que actualmente circulan en forma oficial, son los emitidos desde 2000, y portan dos series, en Indonesia se acuñan monedas de curso legal por valor de hasta 1000 rupias. No obstante, la costumbre es utilizar billetes mucho más que monedas, hasta incluso en pequeñas transacciones.

Más aún, el viajero puede quedar desconcertado al observar que las series de billetes que, en teoría, ya no son de curso legal, son utilizadas en el mercado informal, o transacciones ilegales, con total normalidad.

En el caso de que un turista reciba un billete antiguo, lo que debe hacer es dirigirse al Banco estatal, donde podrá cambiarlo por uno de curso legal, sin mayores problemas.

Publicado por Alejandro Martínez Notte

Vivo el presente con alegría y lo comparto, Creo que cada segundo es irrepetible y vale la pena cada instante vivido. Porque lo importante no es el destino, si no el camino. Disfruto de improvisar a cada instante, sabiendo que tanto lo bueno como lo malo, pasa. Todo pasa.

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