Machu Picchu, el legado tangible de los Incas

Allá por el 1200, cada año los Incas veían que, Llegando Junio, el Dios Sol se alejaba. El frío crecía, y la escarcha dominaba los ríos. Entonces, cerca del solsticio, celebraban una Fiesta pidiéndole a Inti (Dios) que volviera. Esa tradición continúa en la actualidad. Teleaire visita el Machu Picchu, en pleno Imperio Inca, en época de la celebración indígena más grande de todas.

Cuzco (o Cusco, ambas acepciones son correctas) es la capital arqueológica de América. Se encuentra en Perú, donde se desarrolló el imperio Inca, cuyas ruinas son consideradas Patrimonio de la Humanidad y una de las siete Maravillas del Mundo Moderno. Son suficientes credenciales para visitar esta parte del planeta.

Machu Picchu en Perú

No está mal decir que cualquiera que se pare frente a las construcciones incaicas, y mire alrededor, quedará asombrado y empequeñecido por el imponente escenario de sus ruinas. Sin embargo, hay que decir más que eso. En los ojos de cada visitante, lo majestuoso, y la certeza del contacto con ancestros de tierras que luego dominaron otros, irradian luz.

Recorrer toda el área central del imperio Inca, implica hacer 78 kilómetros hasta Urubamba, en el corazón del Valle Sagrado, allí donde los Incas construyeron templos y fortalezas.

Hay un mercado de comestibles, y hay construcciones laberínticas en las que cualquier viajero apreciará la grandeza de una cultura cuyos hombres fueron capaces de construir paredes utilizando sólo bloques de piedra, y sus propias manos.

animales en las ruinas de Machu Picchu

El camino del Inca comienza en Ollantaytambo, pueblo aún habitado, que ofrece compartir el tejido en telar de una peruana, heredera de la grandeza que la rodea. Además, la fauna local se presta al contacto -se les puede dar de comer a las llamas, por ejemplo- y hay ferias en las que los recuerdos o souvenirs están a la orden del día.

Como si el entorno no fuera suficiente espectáculo, desde la base de los Andes, en Ollantaytambo, se accede al Machu Picchu en un bus que ofrece confort, servicio de almuerzo y coctelería. Mientras, por la ventana, una de las Maravillas del Mundo moderno se nos aparece en todo su esplendor.

Llegar a la cúspide, estremece. A 2453 metros sobre el nivel del mar, uno puede caminar por pasillos angostos, pasarelas, explanadas, meterse en templos, asomarse a terrazas, todo construido en con piedras colocadas una encima de la otra, sin unir, sin pegar.

Es difícil entender cabalmente que esas piedras llevan allí más de 600 años. Más allá de las fotos, y de los vídeos, el viajero sensible se hará amigo del silencio ante tanta inmensidad. Quizá así escuche la voz de los incas que le confirmen que hace tanto tiempo, otro mundo fue posible.