Kenia, una vuelta por el reino salvaje

Teleaire es testigo de una experiencia única: la cacería de un búfalo a cargo de leonas de una manada, dentro de la Reserva de la tribu Masai Mara, en Kenia. Pasen, y vean (si se atreven).

Quienes optan por el turismo no convencional, suelen pensar en África como una alternativa más que interesante. Sin embargo, no todos imaginan que, en la sabana africana, al este del continente, es posible realizar un safari conviviendo con los pobladores y fauna autóctona.

Para ello, hay que trasladarse hasta Kenia. Allí se encuentra la tribu nómada Masai, y la zona es cruzada por el río Mara, dentro de la región de Serengueti. De esa relación surge el nombre de la reserva que ofrece un escenario excepcional para conocer cultura, costumbres y religión de los Masai, incluyendo su convivencia con especies salvajes.

Los Masai viven en chozas de barro y paja, muy bajas. Son construcciones de lo más precarias, que no ofrecen mucho contacto con el exterior, porque resultan verdaderos refugios ante posibles ataques de leones, por ejemplo.

No obstante, para el turista se reservan chozas de lujo, como las del campamento Sarova Mara, en las que se puede mitigar el calor intenso gracias al ventilador de techo, un bien del que carecen por completo los lugareños. Del mismo modo, otras comodidades como las cortinas, y una cama confortable, marcan toda la diferencia.

Las agencias de turismo ofrecen la posibilidad de realizar un safari, es decir, una travesía a bordo de una camioneta 4×4 atravesando la geografía selvática en todo su esplendor, para poder tomar fotos, filmar, y presenciar, si se tiene suerte, eventos singulares para el ojo civilizado; uno de ellos podría ser la cacería de un búfalo perpetrada por una manada de leonas. Puede pasar.

Luego de pasar cerca de avestruces, zorros, guepardos o elefantes -que lo hacen sentir a uno tan pero tan pequeño- la camioneta detiene su marcha cerca de una familia de leones que, a simple vista, se encuentran en perfecto estado de reposo. ¡Es la oportunidad de llevarnos fotos de unas vacaciones inolvidables!

Pero rápidamente comprendemos que las hembras, encargadas de conseguir alimento para los pequeños, se preparan para la faena: a poca distancia, un grupo de búfalos se refresca en charcos de barro.

Las leonas van acercándose lentamente, tomando posición, con una técnica que parece calculada con GPS. En algún momento de la acechanza, los búfalos toman conciencia de que corren peligro y, despacio, comienzan a disgregarse. El objetivo de las leonas consiste en lograr que uno de ellos quede aislado.

Cuando ya un ejemplar ha sido elegido, es cuestión de cacería. La velocidad de los felinos más grandes del mundo da por tierra con los intentos del búfalo, que pasa a ser el almuerzo de la familia de leones, tanto como de las hienas y las aves de rapiña.

El espectáculo es impresionante, pero nos recuerda de dónde venimos… y a dónde nos gustaría volver. De paseo, por supuesto.