Desierto del Sahara Occidental

Comenzamos este viaje volando hacia Tan Tan, en el sur de Marruecos, para contemplar el contacto entre el mar y el desierto. Si el viajero tiene la oportunidad de sobrevolar la zona, accederá, sin dudas, a la mejor vista posible, desde la cual podrá apreciar cómo el desierto acuático se transforma en un mar, de arena.

La atracción de esta ciudad, por excelencia, es el Mousem de Tan Tan, que se realiza una vez al año. En 2005, el evento ha sido declarado Obra Maestra del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, por la UNESCO. Vale la pena presenciarlo.

Dada la característica nómade de los pueblos del Sahara, que parecen detenidos en el tiempo, rescatar y proteger su cultura resulta de trascendencia mundial e histórica. En el evento, exhiben su música, sus artesanías, y sus destrezas. Veamos.

Una de las atracciones es la demostración de destreza ecuestre de los jinetes beréberes, que montan al galope sin sostener las riendas. Para más desafío, portan sus armas largas, las que disparan al galope sin perder el equilibrio, aún cuando por momentos los caballos reaccionan ante los estruendos.

Para conocer las costumbres del lugar, las tiendas precarias montadas en los alrededores del museo ofrecen bebida y comidas típicas, además de diversas herramientas fabricadas de forma artesanal, prendas como el tuareg (el turbante y manto que cubre todo el cuerpo), y collares.

Buscando otras atracciones, conviene desplazarse hacia el norte, y cruzar el Río Draa, el más grande de Marruecos. Allí también encontraremos varios oasis, y la presencia del agua anticipa un cambio en la geografía sahariana. Aparece la ganadería, y el pastoreo.

Finalmente, es bueno dejarse mimar por los servicios de la Maisón Nomade, un complejo con vistas al palmeral. Las palmeras son la materia prima de la zona, y sirven para confeccionar todo tipo de instrumentos, siempre de forma artesanal. Definitivamente, el Sahara occidental se niega al paso del tiempo.

 

 

 

 

By Alejandro Martínez Notte

Vivo el presente con alegría y lo comparto, Creo que cada segundo es irrepetible y vale la pena cada instante vivido. Porque lo importante no es el destino, si no el camino. Disfruto de improvisar a cada instante, sabiendo que tanto lo bueno como lo malo, pasa. Todo pasa.