Saint Malo, la ciudad corsaria de Surcouf

Uno de los principales puertos de Francia del siglo XVII ha inspirado numerosas historias más o menos reales. La llamada “ciudad corsaria” fue hogar de personajes como Surcourf, pesadilla de los ingleses y protagonista de la historia más famosa del destino.

Corsarios en Saint Malo

Saint Malo, la ciudad fortificada que baña la costa Esmeralda bretona (Francia), es probablemente uno de los sitios más interesantes del país en lo que a historias de corsarios se refiere.
Esta ciudad fortificada fue residencia de corsarios míticos como Surcouf. La diferencia entre un corsario y un pirata es que el primero tenía una patente y acuerdo real, por lo que la ley le amparaba en el momento de atacar a otros barcos y apoderarse del botín. Se dice que en los siglos de mayor auge de la piratería marítima (finales del XVII-principios del XVIII), un tercio de cualquier motín encontrado iba a parar a manos del rey de Francia.

Entre las historias de St. Malo destaca la de Robert Surcouf, un joven despierto y agresivo que amasó una gran fortuna en poco tiempo gracias a su pericia abordando barcos. La anécdota más famosa es la que cuenta su conversación con un capitán de navío inglés, que le acusó de ser poco elegante al trabajar solo por dinero. A eso Surcouf contestó: «yo trabajo por dinero y ustedes por honor. Cada uno lucha por aquello que no tiene».

También se cuenta otra historia que ha dado nombre a la calle Le chat qui danse (El gato que baila): los británicos habían instalado un auténtico polvorín a bordo de un barco que pensaban estrellar contra las murallas de la ciudad. Al no tener en cuenta lo escarpado de la costa y la presencia de numerosas rocas, el barco terminó explotando a una distancia demasiado grande. Solo algunos trozos alcanzaron la ciudad. La única víctima fue un gato, homenajeado desde entonces gracias a la calle.