Una Navidad en Singapur

De entre tantos destinos posibles para pasar la Navidad, Teleaire elige Singapur, donde se conjugan tradiciones orientales milenarias, con atracciones y entretenimiento de lo más modernos.

La ciudad de Singapur es una república soberana. Hay que aclarar que se trata de un archipiélago, o conjunto de 63 islas, ubicadas en el extremo sur de Malasia, es decir, debajo de Vietnam, sobre el océano Índico.

Por supuesto, es un país muy pequeño. Pero dada su estratégica ubicación, y por haber sido colonia comercial británica, no sólo bebe de la cultura india, china y árabe, sino que ofrece un desarrollo capitalista super avanzado.

Caminando por Chinatown, al viajero le quedará bien clara la influencia china. Pagodas, imágenes de Buda, y diversos souvenirs, se encuentran exhibidos y a la venta. Pero también es fácil percibir la influencia malaya, o india. Una forma simple, es tener el oído atento, puesto que, en Singapur, hay 4 idiomas oficiales: chino, malayo, y tamil (indio) además del inglés, heredado de la época colonial.

Ahora bien. El atractivo que ha cobrado trascendencia mundial es el famosísimo Complejo Marina Bay Sands, ese que hemos visto en tantas oportunidades, y que llama la atención por tratarse de 3 torres super modernas, cuyo techo lo constituye ni más ni menos que la piscina en altura más larga del mundo.

El Marina Bay es, al mismo tiempo, hotel, casino, museo, centro comercial y de convenciones. Se encuentra separado del distrito financiero por el río Singapur, y ofrece, como atracciones cercanas, un jardín botánico de 63 hectáreas, y las cascadas artificiales más altas del mundo. Un secreto: se recomienda admirar el parque de orquídeas, con más de 60 mil plantas.

Pero el espíritu navideño nos llevará, indefectiblemente, a admirar las luces, infinitas, potentes y coloridas, de los árboles artificiales llamados Supertrees Grove. Estas moles posmodernas se encuentran en Gardens by de Bay, uno de los complejos aledaños al Marina Bay.

Son árboles eléctricos, cuya estética roza la ciencia ficción. Pero de noche, y dado que algunos alcanzan los 50 metros de alto, encienden sus luces y ofrecen un espectáculo que, literalmente, encandila. Entre ellos, una pasarela permite al turista caminar a la misma altura que sus copas, y, por qué no, brindar por el nacimiento del niño Jesús.