Ya desde el comienzo, la cita impone respeto: en el Mercado Principal de Mérida, donde abundan las artesanías y los productos locales, se advierte al pasajero que, si se propone enfrentar los desafíos de Mérida, debe beber un brebaje conocido como “levantón andino”. Entre sus ingredientes, se encuentran ojos de toro. Todo sea por llegar al final de este recorrido.

Luego de superar el primer desafío -fuera de libreto- hay que viajar dos horas, y legar a Barinas, donde es posible hacer rafting en caudalosos ríos, e incluso zambullirse desde alturas nada despreciables. La aventura se hace cada vez más intensa…

En el camino hacia Barinitas, donde comienza el ascenso en el famoso teleférico, cabe la posibilidad de conocer la cultura de los pueblos originarios de la zona, por el camino hacia el sur. La danza, la música, y sus vestimentas, resultan del todo atractivas, y agregan color al desafío principal.

Barinitas se encuentra a 1500 metros sobre el nivel del mar. Desde allí, parte el teleférico que recorre más de 12 kilómetros ascendiendo por el Parque Nacional Sierra Nevada, en los Andes venezolanos. Son varios tramos, en los que se llega a triplicar esa altura.

En la estación La Montaña, se alcanzan 2400 metros. De allí, la segunda etapa comienza sobrevolando la Selva Nublada, hasta llegar a la estación La Aguada, a casi 3500 metros. El vértigo ya hace efecto, pero la vista resulta impactante.

Ya en el tercer tramo, es posible divisar un camino que conduce al otro lado de la cordillera. El teleférico sigue ascendiendo, y al finalizar el trayecto la parada es Loma Redonda, a 4000 metros de altura. Las nubes, ya lo envuelven todo.

La cuarta etapa parte de allí, para llegar a 4765 metros, muy cerca del Pico Bolívar. El final del recorrido está señalado por la Virgen de las Nieves. El teleférico detiene su marcha en el Pico Espejo, cuya piedra es brillante. La inmensidad de los Andes, permite sentir que el cielo está muy, muy cerca.

 

 

 

By Alejandro Martínez Notte

Vivo el presente con alegría y lo comparto, Creo que cada segundo es irrepetible y vale la pena cada instante vivido. Porque lo importante no es el destino, si no el camino. Disfruto de improvisar a cada instante, sabiendo que tanto lo bueno como lo malo, pasa. Todo pasa.